martes, septiembre 29

Sin ningún sentido lógico (pergamino)


Todo sucedió por la mañana cuando más esclarecía el sol entre las inmortales nubes, esas en las que descansaba la mirada cuando todo parecía perdido.
Realmente no se explicaba que el cielo estuviera tan de buen humor, la noche anterior fue una noche estremecedora, y es que todo se había ahogado en gotas gigantes.
Aún así perdido y sin sentido del instante, se acercó a la ventana y sólo retornó la mirada para escuchar que esta vez, esta vez no había un sonido, crujido, o cierta sospecha de que estuviera solo en aquel lugar, que tan desolador y vacío tenia prescrito en la memoria.
Le tomo pocos minutos llegar a la cafetera, antigua, pero aún servible para brindarle aquel café tan exquisito, que quizas nunca más probaría. Tenía claro que sería demasiado decente tomarlo por la mañana y no por la tarde, ya que terriblemente ansiaba un día ocupado.
No hacía frio, pero aún así la chimenea permaneció encendida, a fuego lento, tranquila y llena de vida, como si alguien la fuese a tocar. No esperaba menos que aquellas actitudes ante su inesperada presencia.
Siempre trató de ser delicado, siempre supo que por altas e inmensas que fueran las montañas, habría de pasarlas con la delicadeza que todos ansiaban de él; Y no por nada parecía ser que hasta lo hacía parecerse a si mismo unos cuantos años atrás, antes de mucho, antes de todo.
El levitar no era una de las rutinas diarias, que por si acaso fuera mucho pedir, se acostumbrase a dominarlas. El hecho estaba en que aún sintiéndose impertinente por tratar de acoplar lo que antes eran privilegios, a simples estantes de madera con poca sensibilidad, y relativamente perseguir el presente en una etapa a la que llamaba: 'Frenación Antitemporal De Todo Mi Ser' simple y sencillamente era una desfachatez que practica y maravillosamente le causaba una sensación antipática.
Tercer peldaño hacía la puerta del dormitorio. Alternando ambos pies para no perder la concentración. Cinco tazas de café sol hecho de noche y la bitácora para los días sin esperanza, eran lo que en ciertas ocasiones le causaban dependencia en tan dichosas vacaciones de verano.
Sí señor, había desaparecido la poca luz que parecía dominar cada habitación de 9 a 5. Pasaba ya la tercera ronda de: 'Palabras sin sentido' cuando la puerta sonó y de tal manera, como sí hubiese sido el abuelo tras bambalinas frunciendo el ceño indicando plena indignación. Sin prestar atención a que sólo vestía dos prendas esa noche, de repente el cerrojo embruteció y de manera rápida y sencilla, cayendo al suelo, recordando, casi pensando, se desmoronó. Mil pedazos sintió que era él, él en mil pedazos más, rompiéndose como si la nada, fuera el mejor sitio.
Nunca entendió porque después de tantos anhelos, al caer como si fuese un niño, la esperanza le volvió a los sesos y las prioridades le bajaron al alma. Su pulso, jamás entendía a su corazón, y la mente nunca antes se había desdoblado tan crédulamente.
Fué lo que su impulso no le dió, fué lo que la mañana nunca despertó, y es que simplemente no se supo que fue, mas sin embargo aquel verano de 1876, fué el más excitante y aburrido de todos, sí que lo fué.


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