Era el mar.
Era lo que miraban los demás.
Justo ahí, cuando no lo podías esconder.
Sin música, sin sentimientos caídos, y tal vez nada que perseguir.
Pudiendo pensar tantas veces porqué. Físicamente pude, me negué.
Todo el tiempo que teníamos enzima, hasta la brisa.
martes, octubre 27
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