miércoles, diciembre 16

La marea que termina con el trópico.


Cuando caía el sol. O cuando la lluvia no mojaba.
Así de repente, se siente la ironía, así de repente se encendía el temor, así, así tan de repente. Y luego después de un coma, te juzgaban sin pensar y te tiraban al rio. Y te sentías libre por primera vez. No nadaste. Y no pensaste porque se te olvidó.
A pesar de que la razón siempre te rosaba las manos, nunca la seguiste con la mirada.
Momentos grises recargados en una pared blanca; Las lineas que se podían dibujar de vez en cuando ya no eran las mismas, porque nunca las encontraste detrás del negro, porque siempre se escondían en lo más rojo del llano. Eran como hojas de verano que no sucedían a diario.
Así que si algo pudiese obligarte a contarles todo lo que sucedía. No lo descubrirían jamás.
Sólo por eso eras con lo que todos los demás sentían.
Y sólo aveces podías convertirte en lo que todos sentían.

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