Practicábamos y caíamos sin despegar, era la salida al mar en nuestro casi barco de papel. Tan desconocido para mi, cómo para todos los que se embarcaban a diario. Y fué cuando creamos la manera de estallar en calma, de esclarecer de noche y entonces así, de fundir la ausencia. La magia de volar tenía casi el mismo destello que cuando nos mirábamos sin decir nada, y entonces al volar más allá de las grandes multitudes nos hacia pertenecer enteramente, en cuerpo y alma, en mudo y ciego, en fuego y agua. Nos moríamos para renacer en sueños, qué nubes para mi fueron todo el tiempo, y es que parecía que despegar ya no nos daba problemas, porque simplemente dejamos de hacerlo, vivíamos en el cielo, y nunca nos dimos cuenta de como bajar. Vivíamos, reíamos y eramos lo que nos penetraba por dentro. La pasión incrementó y jamás sentimos tanto, tanto como aquella vez, cuando volábamos. Porque el "jamás" resultó ser nuestra necesidad y entónces JAMÁS bajamos la guardia de nuevo.
Janvier - Mardi - 12 Deux Mille Dix

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