Llovía, y llovía, y nadie hacia nada tan parecido a mi. Era increíble que toda el agua que recorría la ciudad, se sintiera en mi cara, como sí quisiera quedarse, dejando el olor en la habitación y las gotas recorriendo el contorno de mi cuerpo, como sí no tuvieran otra cosa que hacer. Me dejé llevar entonces. Y después sucedió que era la ventana, que no había cerrado.
miércoles, junio 16
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