lunes, octubre 12


PALABRAS AL VIENTO

Cuando se evapora, por más caliente que esté. (La gran taza de café) Como la corriente que no asfixia, pero embrutece tanto, pues no puedes ver. Fué blanco por instantes, se observó a si mismo como la naturaleza enardecida que jamás ardió. Qué jamás pudo enloquecer, no pudo batirse con fieras hasta ganar aquel honor perdido. Cuando te consumiste, por seguir los pasos del que no tenía valor. Pisando pozos por la pradera, buscando alguna luz que no fuera más allá de lo insensato que habías conseguido ser. Es probable que cuando llegues a ver el mar a ciegas, entiendas lo profundo que realmente es. Tal parece que se ha vuelto infinito en un momento donde permanecías así, donde mantenías la calma aún cuando rodaste bajo la colina, lo sabías. Por la mañana llamarías su atención, después de todo. Y para no terminar en agonía la mente se embriagó sobre tu sed, desacató tú principal restricción. Ésta vez se volvió tan efímera, que podría aniquilar cada tentación que arrastrabas con la mirada, hasta pudo pertenecerte, pero te sentiste extraño. Son días de privilegios que vas tirando en el camino, que te sacuden la frente. Vira en dirección contraria y de repente te tiene atado y sin poder respirar... No estas cayendo, pero es posible que estes evitando a la memoria, casi perfecta. Es la corazonada de saber qué no estás y entender porqué, encerrando la locura en una burbuja.


Los pájaros no vuelan, es que ellos no, no son materiales, no pertenecen a esta historia. Deberían poder brillar, brillar tanto que, cuando volaran en realidad, nadie pudiese verlos.

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